México.- Salvo que suceda una catástrofe, Claudia Sheinbaum, la exjefa de Gobierno de la Ciudad de México que desde que inició el sexenio tuvo la preferencia del presidente Andrés Manuel López Obrador, será la ungida. Hay quien piensa que Sheinbaum es un distractor del presidente para que llegue Adán Augusto López, y otros, como Marcelo Ebrard, ilusionados en que podía cambiar el rumbo de la corriente de la catarata que alimentaba López Obrador. No es así. El presidente ha comentado en su primer círculo, sin mencionarla directamente, que dejar a una mujer en el cargo que retome su narrativa, será el legado de su transcendencia.
Las señales objetivas todo este tiempo no recomiendan apostar contra Sheinbaum. La incorporó a las reuniones de los lunes del gabinete de seguridad, pese a ser un asunto federal no local, le levantó varias veces la mano en eventos públicos y la señaló con su índice, estimuló la bufalada de gobernadores, presidentes municipales y políticos de Morena detrás de ella, que utilizaron recursos para respaldar sus movilizaciones, como la del sábado, en el cierre de su campaña en la Ciudad de México, donde decenas de autobuses de transporte público llevaron a cientos de personas al Monumento a la Revolución.














