Cuauhtemoc.- Bajo el manto de una noche marcada por el respeto y el recogimiento, el Centro y calles de cuauhtemoc se transformó ayer viernes Santo en un escenario de devoción absoluta.
Cientos de fieles se congregaron para participar en la tradicional Procesión del Silencio y el Pésame a la Virgen María, actos que representaron uno de los momentos más íntimos y conmovedores de la Semana Santa.
La jornada litúrgica se registro en las horas de la tarde, partiendo de la calle Vicente Guerrero hacia la Catedral. El contingente, encabezado por sacerdotes, avanzó entre las sombras de las calles principales, rompiendo la oscuridad únicamente con la luz de las velas que los asistentes portaron en sus manos.
El silencio se convirtió en una oración colectiva que acompañó el paso de la imagen de la Virgen Dolorosa, simbolizando el respeto de la comunidad ante el sacrificio de Jesús.
Durante el recorrido por el primer cuadro de la ciudad, el ambiente se impregnó de una solemnidad que detuvo el pulso comercial y social de la zona. Los participantes caminaron a paso lento, emulando el duelo de la Virgen María, recordando la importancia de la solidaridad y la esperanza incluso en los momentos de mayor oscuridad.

